viernes, 10 de julio de 2009

Iran: Is the dream already over?














La brutal represión que, según las fuentes oficiales, se ha cobrado la vida de aproximadamente 20 personas (dato imposible de verificar) y los miles de detenidos no disuadieron a la gran “marea verde” que con un enorme protagonismo de jóvenes, estudiantes y mujeres, ocuparon las calles de Teherán a lo largo de dos semanas enarbolando fotos del líder reformista Hussein Musavi y desafiando a las autoridades ultraconservadoras del régimen.

El guía de la revolución Ali Jamenei y el Presidente de la República Mahmud Ahmadineyad, alarmados por la evolución de las protestas y con el respaldo del Consejo de Guardianes dieron ordenes al ejército regular -Pasdaran- de aplastar lo que cada vez se parecía más a una contrarrevolución de los fundamentos sobre los que Irán se constituyó en República Islámica hace ya 30 años.


Para evitar fisuras y como refuerzo del trabajo de los Pasdaran se dio vía libre a la mal conocida milicia Basij Mostazafan, esta organización paramilitar traducida como “Movilización de los oprimidos” fue creada en 1979 por Jomeini, y tuvo como distinguido instructor al actual presidente Ahmadineyad. Durante la guerra de Irak los Basij se nutrieron de niños de entre 12 y 17 años convertidos en los encargados de limpiar con sus cuerpos los campos de minas, cargados con una llave de plástico al cuello que debía abrir las puertas del paraíso se adentraban temerosos en tierra de nadie para rodar sobre el suelo y morir explosionado por “Ala, la patria y el líder Supremo”. Progresivamente, la milicia fue ampliando su cuerpo con voluntarios de más edad y ya en los levantamientos estudiantiles de 1999 y 2003 demostraron su efectividad como fuerzas de choque progubernamental.


Pero la realidad es que las luchas de poder en Irán no se dirimen en las urnas ni tampoco en sus calles donde la sangre de muchas “Nedas” tiñe las calzadas. La verdadera batalla se libra dentro del reducido círculo de líderes que dirigen el régimen: Ali Jamenei versus Ali Akbar Hachemi Rafsanyani, se enfrentan en lo que parece el asalto definitivo. El actual líder Supremo de la Revolución y máximo defensor de Ahmadineyad mantiene un pulso contra el actual presidente del Consejo de Discernimiento, este apoya abiertamente al líder reformista Musavi (su hija y otros de sus familiares fueron detenidos por participar en las manifestaciones) con todas las herramientas que como la mayor fortuna de Irán (según Forbes) y gracias a su enorme influencia en las estructuras teologales puede ofrecer a la línea reformista.


Queda atrás el tiempo en el que como buenos camaradas trabajaron juntos de la mano del gran Ayatolá Jomeini. Curiosamente a la muerte de este en 1989, fue Hachemi, presidente de la república iraní entre 1989 y 1997 quien promovió el nombramiento de Jomeini como líder Supremo de la Revolución y la figura más poderosa de la República Islámica.


Pero desde que Hachemi perdiera las elecciones frente a Ahmadineyad en 2005 se hicieron más profundas las fisuras dentro del régimen, desde entonces, han emergido posiciones que se oponen a la política ultraconservadora del actual gobierno exigiendo la reforma y revisión de las estructuras que sostienen el estado islámico, además de una política internacional más pragmática y conciliadora, las soterradas amenazas de ataque nuclear contra Israel y Occidente, y el negacionismo del Holocausto “Otra mentira del sionismo” no le ha granjeado muchas amistades.


Con el auto del Consejo de Guardianes tras el recuento de un 10% de los votos, en el que se defiende la limpieza de las elecciones “no hay irregularidades suficientemente graves” se quiere dar por zanjado el asunto. Sin embargo, no parece posible volver a la situación anterior a la celebración de los comicios, algo ha ocurrido en Irán, existe una fractura social que no puede ser ignorada.


La voz de los líderes de la oposición- Musavi, Jatami, Karrubi y Rafsanyani- cada día suena más fuerte, las esperanzas de los iraníes tronan en las redes de Internet- tweeter, Factbook, Hi5- convertidas en los únicos canales de difusión de un mensaje que cada día suena más alto y claro, tomando forma en la conciencia colectiva: “El hombre nace libre, pero en todas partes esta encadenado”. Todo indica que en Irán se han empezado a romper las cadenas. Llaméenlo -irremediable devenir o proceso inevitable- da igual su nombre, no importa.

“The dream is not over”.


http://www.gaceta.es/18-09-2009+miles_opositores_toman_centro_teheran_protestar,noticia_1img,8,8,66631

http://www.elmundo.es/elmundo/2009/09/18/internacional/1253295933.html

http://www.elmundo.es/elmundo/2009/12/28/internacional/1261982035.html

martes, 30 de junio de 2009

Superdesarrollo material, Subdesarrollo moral,









No hay espacio! ¡No hay espacio! gritaron cuando vieron a Alicia aparecer. ¡Hay mucho espacio! Dijo Alicia indignada. La fiesta del té del Mad Hatter en Alicia en el País de las maravillas.

Desde la década de los 60 se asocia el continuo crecimiento demográfico con el subdesarrollo de algunos países y regiones. La ortodoxia defiende que la actual crisis de la salud, la malnutrición, el subdesarrollo, y la destrucción del medio ambiente viene determinada por el exceso de población en el planeta.

La teoría de Malthus impera. El crecimiento geométrico de la población frente al crecimiento aritmético de los recursos naturales condena al mundo a un desfase crónico entre ambos parámetros, el “El sistema vomita hombres” como diría Galeano. Investigadores como Meadows afirman que el aumento del crecimiento demográfico agotará los recursos de la tierra en 100 años.

En este contexto, el control de la natalidad se ha presentado como una alternativa necesaria a los supuestos problemas de superpoblación. El declive de la fertilidad abriría una “ventana demográfica” para el desarrollo económico de países como India, Afganistán, China, Nepal, Pakistán o Corea del Sur. En consecuencia, las políticas antinatalistas se proponen como la panacea del desarrollo de los países más pobres.

Pero existe una realidad oculta que no se difunde, la presión demográfica que producen 10 nacimientos en África es bastante menor a la que produce un sólo individuo en Europa, pues éste consume 50 veces más energía y recursos que un individuo del tercer mundo.

Robert Mcnamara, ex ministro de Asuntos Exteriores Estadounidense, expone la siguiente opinión “Es más útil invertir un dólar en control de la natalidad que diez dólares en Ayuda al Desarrollo”.Son muchos los que comparten su opinión, promoviendo el control demográfico a través de la distribución de variados anticonceptivos, muchos de ellos prohibidos en los países occidentales por causar efectos adversos de gravedad para la mujer; esterilizaciones masivas, en muchas ocasiones sin consentimiento y en casos muy extremos, incluso abortos selectivos que priorizan el nacimiento de varones, como es el caso de la India, donde esta practica ha provocado un desequilibrio de nacimientos de 10 millones de mujeres.

En enero de este año, el mensaje de Benedicto XVI para la celebración de la Jornada Mundial de la Paz recogía las siguientes palabras “La pobreza se pone a menudo en relación con el crecimiento demográfico. Consiguientemente se están llevando a cabo campañas para reducir la natalidad en el ámbito internacional, incluso con métodos que no respetan la dignidad de la mujer ni el derecho de los cónyuges a elegir responsablemente el número de hijos y, lo que es más grave aun, frecuentemente ni siquiera respetan el derecho a la vida. El exterminio de millones de niños no nacidos en nombre de la lucha contra la pobreza es, en realidad, la eliminación de los seres humanos más pobres”.

La denuncia del Papa no es infundada, los gobiernos locales de los países subdesarrollados “animados” por algunos donantes internacionales llegan a publicitar y premiar las esterilizaciones con compensaciones económicas y materiales. Así, en tres ciudades de la región India de Andhra Oradesh, el State Bank of India prometió compensaciones económicas en metálico para cada mujer y cada hombre que se esterilizara, además de regalos para los responsables de salud que promovieran dichas operaciones.

El Artículo tres de la Declaración Universal de los Derechos Humanos reza que “Todo individuo tiene derecho al vida, la libertad y la seguridad de su persona”. El Artículo 12 declara que “Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia…”

El Articulo 16: “Los hombres en edad núbil, tienen derecho, sin restricción alguna por motivos de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia…” “La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y el estado”.

Y finalmente el Artículo 28 resume “Toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e internacional en la que los derechos y libertades proclamados en esta declaración se hagan plenamente efectivos”

Es curioso que todos los países occidentales y en primera fila de desarrollo suscriban y presuman de su respeto hacia esta Declaración. Sin embargo, las contradicciones se hacen patentes cuando se trata de aquellos países que están a la cola. En ellos se transgreden los derechos más fundamentales de todos, el derecho a la vida y la libertad. El libre albedrío de millones de pobres no debe ser manipulado en pro de políticas de desarrollo concebidas por unos pocos. Es responsabilidad de todos ser muy cautos para no abusar del biopoder del que nos dota la ciencia. Debemos evitar caer en el “Subdesarrollo moral, consecuencia negativa del Superdesarrollo”, que denuncia en su mensaje Benedicto XVI.

jueves, 25 de junio de 2009

DARFUR: el conflicto sin fin

Hace sólo 5 años el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, reconocía que en la región occidental de Sudan, Darfur, se estaban cometiendo “crímenes de lesa humanidad” como violaciones, asesinatos, y toda clase de vejaciones y saqueos contra la población civil.


La misión de la ONU observo que los ataques se dirigían con especial violencia hacia determinadas etnias, lo que incluso llevo a susurrar en algunos niveles la palabra “Genocidio”, presurosamente escondida detrás de términos más suaves como ya se hizo en Ruanda para agravio póstumo de Rapael Lemkin y su reconocida lucha por la justicia de todos los pueblos.


Desde que en 1989 el militar Omar Hasan Al Bashir si hiciera con el poder e impusiera la Ley Islámica, las luchas entre los negros cristianos del sur y los árabes del norte han hecho estragos entre la población: 4,5 millones de desplazados y 2,5 millones de muertos en tan sólo 20 años.


Las fuerzas rebeldes, El Frente de Liberación de Darfur y el Movimiento de Justicia e Igualdad, iniciaron en 2003 el levantamiento contra el gobierno de Jartum acusándolo de de favorecer a las comunidades árabes del norte (islamistas) en detrimento de las numerosas tribus musulmanas que habitan la región desértica del sur. La respuesta no se hizo esperar, Al Bashir promovió la movilización y armamento de la tribu de los Janjaweed, una tribu islamista leal a su causa que junto con los militares regulares emprendieron la destrucción de las aldeas de etnia Masalit, Tama, Tanjur y Zaghawa, cuna de los grupos rebeldes.

A la lucha por intereses económicos se unieron así sentimientos de identidad étnica y religiosa.

Preparada la bomba solo faltaba encender la mecha: la política de tierra quemada de las milicias árabes ha causado desde entonces la pérdida de 300.000 vidas, 2,7 millones de desplazados y un conflicto internacional que obliga a resolver la difícil situación de los países vecinos, el Chad y República Centroafricana que han recibido en avalancha a los refugiados sudaneses y se muestran incapaces de aguantar ese peso durante mucho más tiempo.


En 2006, el principal grupo rebelde y el gobierno alcanzaron un acuerdo de Paz “con reservas”. En julio del año siguiente, la ONU aprobó el envío de una fuerza de pacificación a la castigada Darfur compuesta por 26.000 efectivos para proteger a los civiles desplazados.

Por desgracia, algunas ONGs denuncian que el gobierno obstaculiza el acceso de suministros médicos y alimenticios, los Janjaweed rodean los campos de refugiados solicitando cuotas de entrada y salida, protagonizando saqueos nocturnos, violaciones, y atemorizando a la población refugiada.

Todo parece indicar que no existe voluntad real de pacificación sólo un teatro orquestado para acallar a la Comunidad Internacional. La reconciliación Nacional no es posible mientras el gobierno de Jartum no sea derrocado, si bien la orden de detención por “Crímenes contra la humanidad” contra Omar Hasan Al Bashir resulta alentadora, sus descaradas provocaciones -que incluyen el decreto dictado el 4 de marzo que obliga a 13 ONGs ha abandonar su país, dejando sin ningún tipo de amparo a más de 450.000 personas, así como la protección de sus coetáneos y vecinos, los 22 países reunidos el pasado 30 de marzo en el Cairo durante la cumbre Árabe, se negaron a secundar la orden de captura contra Al Bashir- no presagian un cambio de rumbo inmediato.


Sin embargo, es fundamental que la Comunidad Internacional active todas sus herramientas de presión para lograr que al menos se respeten los derechos más fundamentales de los ciudadanos de Sudán. Esto empieza por garantizar el acceso a alimentos y medicinas de millones de personas desplazadas y refugiadas, desarraigadas de sus hogares y ultrajadas.

Para ello debemos exigir el regreso de las Organizaciones Internacionales de Ayuda a Sudán y la provisión de más recursos para solventar las necesidades acuciantes de millones de personas. La dramática realidad es que muchas de ellas jamás han vivido fuera de un campo de refugiados y ni siquiera conocen su país, no saben que es la libertad ni mucho menos han saboreado la tranquilidad que otorga vivir en un país en Paz.